viernes 26 de diciembre de 2008
by felipe

Hay libros que sorprenden mientras vas avanzando en su lectura. Este es uno de ellos. Parece una novela más. Tardas un poco en animarte a seguir leyendo. Sin embargo poco a poco las reflexiones de sus dos protagonistas te van animando a desear saber más. Incluso hay momentos que deseas terminarlo para empezar a leerlo de nuevo.
La novela gira alrededor de Paloma y Renée.
Paloma, una niña superdotada hija de un ex ministro y diputado socialista, nos regala sus reflexiones íntimas, cubiertas de una dosis de humor considerable y de una precocidad sorprendente, para una niña de apenas 12 años de edad.
Renée , la portera del edificio donde viven, que está situado en una zona muy elegante de Paris, una mujer de apariencia vulgar, de aspecto no muy agradable y genio bastante vivo y poco simpático. Nada invita a sospechar su poderosa vida interior.
Nada es como parece. Ambas llevan una vida solitaria, mientras se esfuerzan por sobrevivir y vencer la desesperanza. La llegada de un hombre misterioso, el japonés Kakuro Ozu, al edificio propiciará el encuentro de estas dos almas gemelas.
Todo lo negativo y doloroso, todo su aburrimiento existencial e incomodidad con los demás, ha encontrado su envés en la literatura. En ese rincón tenemos a una lectora que devora libros. En ellos va encontrando sentido y pasión por la vida. Por su propia vida. Ella es la que da título a la novela. Ella es “la elegancia del erizo”. Los pinchos -esa antipatía o “indolencia”- son su defensa, aquello que preserva su alma de la superficial perspectiva que la rodea, y de la que es cada vez más consciente
Desde ese momento los tres personajes comparten sus confidencias. Sobre la vida y sus lágrimas, sobre la literatura y la belleza, sobre tantas y tantas cosas. Son amigos. Todo esto lo aprovecha muy bien la autora para ir desgranando un personal ajuste de cuentas, de crítica a una sociedad tan injusta como deslenguada y materialista; sus ideas estéticas y gustos literarios, etc. Las páginas finales de la novela son una delicia.
Una novela llena de ideas maravillosas sobre la vida, y por qué merece la pena vivirla... Pero con su puntito de tristeza, y de desprecio por la gente vana y egoísta. Aquí son los ricos de la calle Grenelle, pero personas así hay de todas las clases sociales. No solo la inteligencia es transversal a todas las clases sociales, como nos dice Muriel Barbery, también la estupidez puede serlo.
Y una curiosidad… La niña se llama Paloma y su odiada hermana Colombe en francés significa paloma… ¿Un guiño? ¿Un mensaje oculto del tipo: al final somos todos iguales por muy distintos que parezcamos? No sé. Quizás.
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